Responsabilidad Social Corporativa y nuevas economías: la hora de la confianza

Reflexiones en torno a los nuevos modelos económicos

Lourdes Buñuales, 15 de febrero de 2017

El vislumbre de una verdad que asoma cada nueva mañana, cuando la rutina nos arroja a la calle a enfrentar un día más de aceleración hacia no se sabe dónde, cuando somos requeridos a formar parte de un sistema que no estamos seguros de que hayamos elegido alguna vez, puede hacernos pensar que tal vez la vida no tenga que ser como nos la han diseñado.

Como decía quien fue presidente de Uruguay entre 2010 y 2015, José Mújica, al referirse a la sociedad en la que vivimos “… lo que estamos gastando es tiempo de vida, porque cuando yo compro algo, o tú, no lo compras con plata, lo compras con el tiempo de vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Pero con esta diferencia: la única cosa que no se puede comprar es la vida. La vida se gasta. Y es miserable gastar la vida para perder libertad”.

Esta verdad de la que somos cada vez más conscientes nos está llevando a la construcción de nuevas miradas sobre la economía que se dirigen directamente a las miradas de las personas, buscando algo tan innovador, como que las personas, todas las personas, tengan al menos la posibilidad de tener una existencia digna.

Necesidad de la RSC

Las causas para la aparición de estos nuevos sistemas podemos encontrarlas en el dolor, en el propio y en el ajeno, que se genera cuando el actual no aporta elementos suficientes de solidaridad ni de cohesión social y expulsa a quien no está en condiciones de competir con sus reglas del juego. En un marco dominado por el individualismo y la competitividad económica como valores dominantes, vivimos en un sistema que propicia la acumulación de riqueza en unas pocas manos y activa comportamientos de los unos frente a los otros.

Cuando esos desgarros sociales han sido generalizados, es cuando estos nuevos modelos económicos han ido tomando mayor relevancia. Estamos por tanto ante un movimiento reactivo y siempre colectivo en la búsqueda de una justicia social que nace por una toma de conciencia de la propia responsabilidad.

Nuevas economías: la respuesta social

En palabras de Eduardo Galeano “La sociedad de consumo es una trampa cazabobos… La injusticia social no es un error que corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta”. Esta sociedad que sin pudor llamamos abiertamente “de mercado”, abocada al consumismo, en la que la competitividad lo ha justificado todo, nos ha llevado a una opacidad y deconstrucción del modelo social que ha propiciado la situación actual. Estas nuevas economías son la respuesta social a los desastres del capitalismo salvaje, del fundamentalismo de mercado.

Ahí hunde sus raíces por ejemplo la Economía Social y Solidaria, como reacción siempre colectiva a las amenazas del sistema, aportando soluciones a problemas que el modelo dominante no solo no resuelve, sino que genera, con el deseo de hacer otra economía, de generar riqueza de otra manera, con valores distintos.

Nuevos modelos económicos

Algunas diferencias entre los “nuevos” modelos económicos y la economía tradicional quedan claramente reflejadas en la contraposición de los valores de los primeros, frente a los contravalores que campan a sus anchas en la economía tradicional en la que, por ejemplo, se diluye y parece que de nadie es la responsabilidad del deterioro medioambiental o de los desequilibrios sociales, en la que el valor de cambio se antepone al valor de uso y  en la que se identifica la economía con acumulación de capital.

Establecer una comparativa entre los más destacados de estos modelos económicos, como son la Economía Social y Solidaria, Economía del Bien Común, Economía Circular y Economía Colaborativa, revela a la Economía Social como la más completa a la hora de abordar la situación global, pues abarca de una forma transversal todos los valores que la sociedad civil demanda.

Economía Social y Economía Solidaria

La Economía Social y Solidaria pone el foco en la dignidad humana, pero también en la solidaridad (valor compartido con la Economía Colaborativa), la sostenibilidad ecológica (valor compartido con la Economía Circular), la justicia social y la democracia (este último, valor compartido con la Economía Colaborativa). Con matices, estos valores están también presentes en la Economía del Bien Común, que aporta la innovación de la herramienta del Balance del Bien Común que permite diferenciar tanto a aquellas organizaciones que son sociales en su génesis, como a las que lo son también en procesos y fines.  Esto puede ayudar a los consumidores a decidir mejor.

La dirección se muestra todavía más clara si vemos como Europa se mueve hacia la ESS. El Consejo Europeo de ministros de Empleo, Política Social, Sanidad y Consumidores, aprobó en 2015 un documento trascendental para el reconocimiento institucional y el apoyo de la Economía Social en la Unión Europea. En concreto, aprobó la resolución sobre ‘La promoción de la economía social como motor clave del desarrollo económico y social en Europa’, que entre otras cosas invita a los Estados Miembros y a la Comisión Europea a que “establezcan, apliquen y sigan desarrollando, según proceda, estrategias y programas europeos, nacionales, regionales y/o locales para reforzar la economía social, el emprendimiento social y la innovación social”.

Tan claro está ya este tema, que en nuestro país hace unos días hemos podido ver al propio presidente del Gobierno de España manifestar la convicción de que la economía social de mercado es “clave” para impulsar “la prosperidad de todos y garantizar que ni un solo español se queda atrás”.

Economía social en España

El modelo cuenta ya en España con el amparo legal que nos da un espacio jurídico reconocido para poder constituir una organización eligiendo entre distintos tipos de ellas donde tendríamos productores de mercado (cooperativas, sociedades laborales, mutuas, etc.), y otras asociaciones o instituciones de acción social, por ejemplo. Es bueno no olvidar hablar de mercado cuando tratamos con los nuevos modelos económicos, pues todos ellos, al igual que el tradicional, necesitan un mercado para funcionar.

Cuando una empresa dentro de estos nuevos modelos económicos lanza un producto, la aceptación de ese producto por parte del consumidor ha de apoyarse en condiciones de calidad y de buen precio, no se trata de que venda solo por ideología. La rentabilidad es inherente a la actividad de una empresa. Son los valores que la rigen lo que estamos analizando. Otro elemento común que tienen con respecto a la economía tradicional es la necesidad de acceso al crédito, algo más difícil para los modelos regidos por principios éticos que no van a encajar en los planes de negocio al uso, que encuentran respuesta natural a través de la Banca Ética.

Gestión de la Responsabilidad Social Corporativa

Y ¿cómo enlazan las empresas de la economía tradicional con estos nuevos valores? Ahí es donde entraría la Responsabilidad Social Empresarial, enlazando a estas empresas con la misma demanda de la sociedad civil hacia otra manera de entender la economía y la sociedad, mediante una manera de gestionar sintonizada con el signo de los tiempos.  Y hablamos de gestión, no de marketing, pues si solo fuera marketing social, se haría un uso ilegítimo de los anhelos de la sociedad civil y no sería realmente responsable.

Los pequeños inversores pidiendo transparencia, control, confianza y pruebas de lo que la empresa hace en la comunidad; los consumidores organizados que piden responsabilidad; y la opinión pública, la sociedad civil batallando por la ética en los negocios, están impulsando la adopción de la Responsabilidad Social por cada vez más empresas. Cada empresa puede adoptar variables diferentes de cada uno de los nuevos modelos que le ayuden a ser parte de este cambio. Un cambio en el que cada vez se muestran más cómodos una mayor cantidad de empresarios y directivos, según se desprende de la cada vez mayor cantidad de foros que tienen este tema como protagonista.

El análisis de toda esta situación suscita nuevos interrogantes y necesidad de reflexión. Posiblemente el camino se vaya dibujando bajo nuestros pies, conforme nos decidamos a avanzar. En mi opinión, tal y como señala el Informe Kliksberg, la Economía Social es la mejor alternativa que tiene la humanidad ante este reto en el que se encuentra.

Un reto que creo necesita que una gran dosis de confianza le sea inyectada. La confianza es vital para las empresas, sea cual sea su naturaleza, pero deben ganársela paso a paso.

Es la hora de la confianza. Sobre todo, confianza en nosotros mismos y en nuestra capacidad de generar el necesario cambio.

(texto de Lourdes Buñuales, 15 de febrero de 2017,  para el Curso Experto en Responsabilidad social corporativa, Observatorio de la Responsabilidad Social Corporativa)

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