Responsabilidad Social Corporativa y Liderazgo

De la carencia a la abundancia: hacia una economía circular

Lourdes Buñuales, 29 de marzo de 2017

Quisiera colocar algo de peso, por mínimo que fuera, en un platillo de la absurda balanza que se debate entre dos posturas, retratando perfectamente a la sociedad que la maneja: en un lado, el capitalismo más salvaje, inmerso en una huida hacia delante con la ferocidad de quien se sabe caduco; y en el otro, el sentido común.

Escribo esto con el telón de fondo de noticias tan desalentadoras como la de que el presidente de EE.UU. desmantela las regulaciones de su país para combatir el cambio climático o la noticia de que España figura en los últimos puestos de la Unión Europea en el índice del “esfuerzo compartido de regulación” del mismo. En cualquier caso, esto solo significa que va a costar un poco más lograr el cambio de paradigma pues hay más inercia que vencer, pero el cambio es inevitable.

Liderazgo empresarial y el caso McDonough

En un momento en el que la crisis de liderazgo a nivel mundial es tan patente, con gobiernos desorientados o enfocados en el corto plazo, iniciativas como la pilotada por el arquitecto William McDonough,  manifestada bajo el concepto “De la cuna a la cuna” contando con la colaboración del químico Michael Braungart, son muy significativas. Representa algo más que la aplicación de la economía circular al mundo del diseño y la producción industrial.  Es un cambio total de enfoque que va más allá del reciclaje, pues este solamente logra ralentizar el deterioro medioambiental. Como claramente indica el arquitecto, el diseño evidencia la intención humana, motivo por el que él diseña para reducir al mínimo los recursos que escapen del sistema.

La humildad ante el ejemplo de la Naturaleza es un valor trasversal a todos los principios que podemos destacar del trabajo de McDonough. Entre ellos se encuentra la propia inspiración en ella para la organización de un sistema circular del que nace el concepto de “basura= alimento”. Para ello, divide los componentes de los productos en dos grupos generales: nutrientes biológicos y técnicos. A partir de ahí, se trata de gestionar cada metabolismo y cerrar ciclos. Los componentes se diseñan para poder ser ensamblados y desmontados el mayor número de veces, favoreciendo la reutilización de materiales y el ahorro energético. Por supuesto, parte siempre del uso de materiales no contaminantes y no tóxicos, productos seguros y con valor en el largo plazo.

Otro principio que podemos destacar es por ejemplo el hecho de que la energía utilizada en sus diseños dependa de fuentes renovables. McDonough defiende también que los materiales se reutilicen sin perder las propiedades en estos ciclos, concepto que podemos enlazar con el de supraciclar.

Responsabilidad empresarial

Esta y otras iniciativas encuentran cauce práctico para la Responsabilidad Social Empresarial a través de los incentivos que emanan desde la UE y los diferentes países miembros para favorecer la progresiva adopción medidas de reutilización, reciclado y valorización de los residuos, mientras que se penaliza el depósito en vertederos.

La sostenibilidad es la nueva normalidad y la circularidad es la nueva sostenibilidad. Estamos ante una oportunidad enorme para que las empresas puedan incorporar procesos de economía circular si quieren ser realmente responsables. La Responsabilidad Social Corporativa atiende diversos ámbitos, pero sin duda el medioambiental es el que mayor esfuerzo común precisa. Es una oportunidad desde el punto de vista empresarial, económico, social, ético y ambiental en la que además las personas tendremos mayores opciones de escoger el modelo de consumo.

Las empresas de la Unión Europea podrían ahorrarse anualmente hasta 600.000 millones de euros si realizan la transición a un modelo de economía circular, según datos de la Fundación Ellen MacArthur y de la propia Comisión Europea. La transición hacia a una economía circular exige introducir profundos cambios en todas las cadenas de valor, desde el diseño de los productos hasta los nuevos modelos de gestión y de mercado, desde los nuevos modos de conversión de los residuos en un activo, hasta las nuevas formas de comportamiento de los consumidores.  Y exige sobre todo un cambio de conciencia: vivir en la conciencia de la abundancia como también indica McDonough: no es posible observar el sol, el viento, las estaciones, los ciclos naturales de la vida y estar instalados en la conciencia de la carencia, del miedo a que se acabe algo solo por el hecho de que es el paradigma conocido. ¿Por qué hemos de estar instalados en la mentalidad de la carencia, el miedo y el drama, cuando formamos parte de un sistema natural abundante y la solución está en nosotros mismos?

Una mentalidad de carencia nos estanca en el miedo y bloquea nuestro futuro.

(texto de Lourdes Buñuales, 29 de marzo de 2017, para el Curso Experto en Responsabilidad social corporativa, Observatorio de la Responsabilidad Social Corporativa)

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